¿Cómo definirías tu estilo? ¿Qué lo hace inconfundiblemente tuyo?
Mi estilo es sin duda escultórico, orgánico y está muy vinculado a la materia. Estamos innovando cada vez más, hay una búsqueda constante del movimiento, trabajamos en eso y en que nuestras piezas transmitan emociones, porque es lo que nos hace conectar con las personas. Por eso diría que es profundamente emocional.

¿Cómo empezaste a trabajar con el esparto?
I discovered it by chance during a residency at Medialab-Prado, when it was still in Atocha, in that beautiful building. What few people know is that Atocha means esparto, and that where the train station now stands, where the old Medialab-Prado used to be, there was once an ancient esparto field. I arrived there, found this fiber, started studying the basic braiding techniques, and from there the whole journey began. To this day it remains my primary material.
«La inspiración suele venir de la propia práctica. Me pregunto: ¿qué pasa si rompemos esta barrera? ¿Qué pasa si mezclamos disciplinas, técnicas?»

¿Cómo creaste tu marca?
A raíz de esa residencia en Atocha, el hotel Hilton me encargó crear algo relacionado con la historia del lugar. Había muy poca gente haciendo algo contemporáneo con el esparto, así que me contactaron. Empecé a crear piezas para ellos y desde ahí fui buscando referencias, construyendo una narrativa para un proyecto, luego para otro, encontrando lo que más me llamaba. Así lo vas desarrollando poco a poco, coges referencias externas, te las apropias, y al final haces una propuesta muy propia.

¿Qué te gustaría que la gente se llevase al salir de tu taller en Madrid Blooms?
Una mirada diferente sobre la materia. Ver cómo de algo muy sencillo puedes hacer algo muy preciado, la transformación de la materia desde algo muy básico hasta el trabajo en volumen. Nosotros trabajamos siempre desde un concepto, y me gustaría que la gente viera ese proceso, de concepto a creación, con fibras sencillas que, a diferencia de las flores, tienen una naturaleza muy distinta.
En tu opinión, ¿qué aportan los espacios formativos como MADRID BLOOMS?
Me parece que son espacios en los que es importante experimentar, para aprender, para conocer, y también porque se crean relaciones. Todos los espacios formativos sirven para aprender técnicas, pero sobre todo para dejarse llevar y sorprenderse. Para ver hasta dónde puede llegar la creatividad de uno.

¿Hay un proyecto que haya redefinido tu camino profesional?
Es verdad que estamos dando saltos bastante fuertes. Igual diría que el último, con Hermès, en el que, además de fibras, hemos añadido bordados y trabajos con cuero, y hemos conseguido que las piezas, sin moverse, transmitan movimiento. Pero también hubo otros hitos importantes antes. El año pasado sacamos la primera pieza mecanizada, que fue un cambio importante, queríamos salir de algo estático y llevarla al movimiento. El pez mecanizado que presentamos en Milán fue una apuesta propia. Y los proyectos de Hermès han sido muy clave, porque había mucha creatividad, nos dejaron con mucha libertad creativa, en espacios maravillosos, y el diálogo con la marca fue muy bonito. Quizás estos hayan sido los más relevantes.
¿Cómo funciona el proceso creativo? ¿Partes de un brief o de tu propia intuición?
Te dan un tema sobre el que tú trabajas, pero con libertad. Obviamente hay un diálogo con la marca. Cuando trabajo por mi cuenta, me inspiro en aquello que he desarrollado durante el año y que quiero llevar un paso más adelante, quiero experimentar un poco más, quiero romper otra barrera. La inspiración suele venir de la propia práctica. Me pregunto: ¿qué pasa si rompemos esta barrera? ¿Qué pasa si mezclamos disciplinas, técnicas? Es como una inspiración constante que nace del propio trabajo, de construir para crear cosas nuevas.
¿Cómo te reservas tiempo para experimentar?
Los proyectos tienen cadencias. Hay momentos fuertes durante el año, y en los otros nos dedicamos a crear nuestras propias piezas. Ahora, por ejemplo, el verano es temporada baja de proyectos, así que vamos a sacar nuestra colección. Dentro de ella hay piezas más experimentales que otras. Pero como en todos los proyectos que hacemos nos arriesgamos mucho, en realidad estamos experimentando durante todo el año. Cuando llega nuestra propia colección, lo llevamos un poco más al extremo. Vamos a exponerla en varias galerías, una en España y otra fuera.

¿Sientes que Bilbao o el País Vasco ha inspirado tu trabajo?
I always thought it hadn’t. I am also from the Mediterranean, I have family in Barcelona, I am from the Basque Country, but I was educated in France, so I have always felt very European in general. But the other day, swimming in the Cantabrian Sea with enormous waves, I thought: of course it is. We are just like that.
¿Hay un proyecto del que estés especialmente orgullosa?
Igual el último, el de Ámsterdam para Hermès. Se llama Wings Within. Hemos estirado el trabajo, el concepto que hemos utilizado es muy potente, pero también a nivel estético y técnico hemos llegado no solo a impresionar con el volumen, sino a un nivel de detalle muy fino y muy preciso. Aúna un buen concepto, una estética fuerte y mucha delicadeza en los acabados.
¿Tienes prácticas sostenibles en tu forma de trabajar?
Sí. Trabajamos con fibra nacional, lo que nos da mucho control sobre el origen, el transporte y demás. También es verdad que utilizamos ratán, aunque poco, y el ratán viene de lejos. Pero nuestras estructuras son de madera o de metal. Además, embalamos todas nuestras piezas con estructuras de madera que fabricamos nosotros, sin rellenos, porque bloqueamos muy bien las piezas. Son embalajes muy sostenibles y apenas generamos residuos, ya que no utilizamos ningún derivado del plástico normalmente.
Cuando alguien se encuentra con tu trabajo, ¿qué te gustaría que sintiera?
Hay una sensación que es la que más me gusta: el magnetismo. Sentirte tan atraído que no puedes pasar de largo. Y luego la siguiente es como una expansión interna, una sensación de que algo te saca de tus propios límites. Magnetismo y expansión, que veas algo que te haga crecer por dentro.