¿Cómo describirías tu estilo floral?
Siento que tengo un estilo muy multifacético, muy adaptable a cada tipo de cliente. Pero al final, mi visión siempre es hacer creaciones que, más allá de verse bonitas, hagan sentir algo. Me gusta mucho explorar con materiales y texturas diferentes. No me gusta hacer cosas tan convencionales. Me gusta que cada cosa que hacemos tenga la esencia de la marca, a pesar de que trabajamos para tantos clientes. Así que sí, creo que al final mi estilo es multifacético.

Empezaste trabajando en otra empresa y poco a poco fuiste construyendo tu propia marca. ¿Cómo crees que conseguiste destacar en la industria?
Empecé hace 16 años. Trabajando en una empresa de decoración para eventos, descubrí que las flores eran las que hacían la magia de un espacio. En México aún no existían las bodas de lujo, así que empecé a tocar puertas con un mini catálogo y mucho speech. El 80% de mi crecimiento fue de boca en boca. Con las flores de cada pedido hacía primero algo a mi gusto, lo fotografiaba y eso era lo que mostraba, hasta que la gente se animó a probar cosas diferentes. Y la puerta que más me costó abrir fue la de Mauricio Kirschner, le insistí un año, aceptó y luego trabajamos juntos por cinco años y eso me dio un reconocimiento inmediato.
No aprendiste por la vía clásica. ¿Quiénes te han inspirado o te guiaron por el camino?
En mi caso, mis grandes maestros fueron los floristas que trabajaban conmigo. En México se trabaja de una forma muy distinta a como se hace en España o en Estados Unidos, donde se contrata a diseñadores florales con un perfil más artístico. Aquí los floristas suelen venir de orígenes muy humildes. Son señores de unos 50 años, muy trabajadores, que a lo mejor no tienen un estilo propio muy desarrollado, pero que llevan toda la vida entre flores. Son unos expertos, y también son herreros, carpinteros, se suben a andamios altísimos y hacen montajes aéreos.

¿Cómo empezaste a formar tu equipo?
Las mismas personas que me inspiraron y guiaron, me enseñaron todo lo que sabían. Fue una oportunidad enorme. Yo les transmitía mi visión estética, ellos la iban entendiendo y haciendo suya, y yo aprendía de ellos. Nos enseñamos unos a otros.
“Podemos sentir que, al enseñarle tanto a tu equipo te van a traicionar, pero mi mayor deseo sería que la gente se atreva a delegar y a confiar en un equipo.”
Con un equipo tan grande, ¿cómo organizas todo para que tu estilo se mantenga?
He tenido que convertir mi proceso creativo en manuales, capacitaciones y herramientas muy prácticas, para que todo el equipo diseñe con el sello de la marca. Hemos desarrollado un equipo interno con ayuda de consultores externos, que me decían: “Necesitas a alguien con este perfil para compras, o con este otro para ventas”. Hay un equipo de marketing que cuida que la marca siempre. Estoy segura de que la persona que atiende a los clientes lo hace como si fuera yo. Y eso es muy padre.

¿Qué te gustaría que los alumnos se llevaran al salir de tu taller en MADRID BLOOMS?
Quiero que entiendan la importancia de tener un equipo. Porque en este mundo del diseño, aunque tu marca no se llame como tú, el artista siempre siente mucho peso y es súper difícil delegar. Y más porque a veces podemos sentir que, al enseñarle tanto a tu equipo, te van a traicionar, ¿no? Que la gente puede tomar todo de ahí, irse y hacer lo mismo. Pero creo que mi mayor deseo sería que la gente se atreva a delegar, a confiar en un equipo, porque es la única manera de crecer y de tener una vida aparte, porque si no, vas a vivir trabajando toda tu vida.
¿Qué crees que aportan espacios formativos y educativos como Madrid Blooms?
Me encantan estos espacios. Para mí lo principal es poder estar en un lugar donde puedes escuchar tantas opiniones y tantas formas de ver y de pensar, no solo de los maestros, porque también estás rodeado de alumnos que al final también comparten. Creo que es una manera de no sentirte solo en el camino, de saber en dónde estás ubicado, porque a veces uno se siente perdido. Es un espacio donde puedes darte cuenta de tus debilidades y tus fortalezas, y aparte ser parte de una comunidad a la que sabes que puedes regresar.

¿Cuál sería para ti el proyecto que lo cambió todo? Un proyecto que marcó un antes y un después en tu carrera.
Buena pregunta. Yo creo que para mí no fue un proyecto, fue este cliente que te digo. Trabajar con Mauricio. Cuando empecé, nunca pensé que pudiera vivir de las flores y tener una empresa de esto. Y él me dio el empuje de decir: «Tienes que aprender a vender y te la tienes que creer». Él fue el que me sembró esa parte, porque me decía: «Necesito que vengas a mis citas y digas que eres la más experta en flores. Aunque tú no lo creas, tú dilo así». Y diciéndolo constantemente, aunque no lo creía, lo fui creyendo poco a poco.
¿Cómo aparece México en tu trabajo?
Algo que siempre está presente en nuestro diseño es lo artesanal. Una de mis misiones de vida, literalmente, es poner en alto a México y a Latinoamérica en este mundo. A lo largo de mi camino me he dado cuenta de que siempre he admirado a los diseñadores extranjeros. Por eso, que hoy haya gente que reconozca nuestro trabajo, y que México se esté poniendo de moda como destino de bodas, me motiva a demostrar el talento artístico que hay aquí. Es impresionante, aunque muchas veces está mal pagado o poco valorado.

Ahora que estás colaborando con marcas y parejas internacionales, ¿cómo logras guardar tu identidad?
Creo que hemos logrado que la gente quiera que se vea nuestro estilo. Entonces siempre hay algo, aunque sea subliminal, que te va a decir que lo hicimos nosotros. Me gusta mucho explorar el terreno y agarrar cosas de alrededor. Por ejemplo, si la boda es en Oaxaca, pero la decoración no tiene nada que ver con lo oaxaqueño porque los novios no quisieron ese estilo, por decir algo, yo lo voy a integrar de alguna manera. No va a ser lo más protagónico, pero te vas a dar cuenta. Siempre lo hago.
¿Hay algún proyecto reciente que te haya marcado especialmente o del que estés súper orgullosa?
Bueno, hay muchos, es que de todos me siento orgullosa. Un proyecto personal: tenemos una nueva cuenta que se llama Creative Institute. Es una marca que creamos para compartir más la visión que hay detrás de Michelle Pourroy Estudio Floral Creativo. Voy a hacer algunos cursos en línea, van a ser de cómo escalar tu negocio. Eso me encanta, porque es algo con lo que yo también siempre soñé: crear un espacio que a mí me hubiera gustado tener. Y hoy ya se está materializando.

Y el segundo proyecto?
Ese es uno de los proyectos, y el otro, a mí me emociona mucho la parte editorial. El año pasado hicimos una colaboración con la revista AD, Architectural Digest, junto con una arquitecta que me encanta, que se llama Claudina Flores. Fue una colaboración que me gustó mucho porque nos abrió las puertas para darnos a conocer en el mundo de los arquitectos y los diseñadores de interiores. A mí siempre me ha gustado todo lo que tenga que ver con editoriales.
Hay prácticas sustentables que usas en tu trabajo diario.
En México esta cultura todavía no está muy implementada, pero nos gusta usar plantas de vivero que reciclamos, las llevamos a los eventos, las traemos de vuelta y las cuidamos para reutilizarlas. También usamos mucha malla gallinera. Nuestra labor más grande es separar la basura para hacer composta. No siempre logramos hacerlo al 100%, porque en los desmontajes nos dan muy poco tiempo, pero sí separamos plástico, cartón y vidrio, y llevamos los residuos de flor a lugares especiales para compostaje. Usamos espuma floral, me encantaría no hacerlo, pero en producciones muy grandes muchas mecánicas no aguantan o tardan demasiado sin ella. Cuando el evento lo permite, intentamos evitarla.

Cuando alguien ve tu trabajo, ¿qué quieres que sienta?
A mí me gusta que la gente pueda sentir que hay más posibilidades. Es como una liberación. Tratamos de que la gente se sienta asombrada, que la gente pueda decir: «Wow, nunca había visto algo así». Y esto es algo muy personal, pero para mí la conexión con las flores es una conexión impresionante con Dios. Entonces el asombro que te puede generar una flor es como volver a la fe. Cuando la belleza tiene la capacidad de asombrarte, para mí es una esperanza. Eso es lo que a mí me mueve, lo que me emociona de ver que a alguien le guste nuestro trabajo.